Chester

Es un perrito con un carácter muy marcado por lo que padeció en un síndrome de Noé. Los demás perros le pegaban y sufrió muchísimo. Después pasó por cheniles de diferentes residencias donde no supieron tratar su miedo. En 2017, una voluntaria y educadora se lo llevó unos meses a su casa, y obró maravillas con él. Chester descubrió que puede ser feliz y estaba pletórico con ella. Por temas personales nuestra voluntaria tuvo que marcharse al extranjero y lo trasladamos a la residencia del aeropuerto. No se encuentra mal con sus compañeros peludos, pero sigue necesitando ayuda.

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